Tempestades que cambian el paisaje

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Durante las primeras semanas del 2020 estamos siendo tan conocidos como siempre habíamos deseado, la lástima es el porque de este eco ya que es lo último que queríamos que pase en nuestro territorio.

El Delta ya hace tiempo que convive demasiado a menudo con el agua salada, no solo por la erosión del mar sino también por sus propias lágrimas de ver como no se hace nada mientras él va desapareciendo. Que bonito y precioso es para todos, tanto para los que venís a visitarlo como para los que vivimos aquí todo el año. Realmente lo es, en gran parte debido a su fragilidad y su estado natural y salvaje, unas características que juegan totalmente en contra en esta partida que tenemos contra el cambio climático. Se han perdido kilómetros de tierra y entornos naturales como la punta del Fangar y la playa del Trabucador entre otras, se han salinizado miles de hectáreas de arrozales y han quedado destruidas muchas mejilloneras. No podemos obviar los graves daños que hemos sufrido durante estos días que nos ha visitado Gloria, pero tampoco podemos obviar que ningún daño es lo suficientemente grande como para hacernos dar un paso atrás. Somos del territorio y trabajamos gracias a él, por lo tanto, estas desgracias refuerzan nuestro sentimiento y compromiso para cuidarlo y ayudar al máximo posible que todo vuelva a su lugar.

Puede ser que no vuelva de la misma forma que estaba, pero no tenemos ninguna duda de que renacerá para seguir plantándose cara al mar una vez más. Nada de lo que ha pasado es puntual, es una batalla dentro de esta gran guerra que está sufriendo la naturaleza en todo el mundo. La naturaleza habla, y ya hace tiempo que nos dice que las cosas no se están haciendo bien, el problema más grande es que no la escuchamos lo suficiente, solo la oímos de fondo. ¿Cuantas desgracias como esta harán falta para abrir los ojos y empezar a enfocarnos en solucionar y cuidar las cosas realmente importantes?

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