El sol de invierno en el Delta del Ebro

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Entendemos el invierno como una estación triste, melancólica y fría, pero desconocemos las maravillas que pueden esconderse en medio de esos cuatro meses. Nos encontramos al sur de Cataluña en medio de un paraíso natural llamado Delta del Ebro.

Abrazados por el Mediterráneo contamos con una meteorología privilegiada gran parte del año, por eso en los días más grises conseguimos captar detalles bonitos de nuestro entorno porque su belleza no solo depende del cielo. Los campos fangosos con ese olor característico de humedad, la sinuosidad de los caminos de agua que se entremezclan en el barro, los reflejos del cielo y las montañas, la grandísima cantidad de aves que conviven en los diferentes ecosistemas, la impresionante policromía de las puestas de sol, la tranquilidad y soledad en todos los espacios y carreteras…

Os podríamos dar muchos motivos para hacer ecoturismo por esta zona durante los meses fríos, pero quizá el motivo más potente sea que gracias a la calma que reina en los días más cortos cualquier visitante podrá empaparse en cuerpo y alma de la esencia más pura de nuestra tierra. Aquí juegan un papel muy importante los sentidos, porque con ellos se pueden captar los detalles que guardaras en tu memoria cada vez que hables del Delta. El aleteo de los pájaros cuando alzan en vuelo, el característico sonido de los flamencos, el olor a sal, el sol despidiéndose por las montañas, los peces saltando en el río, el sol frío en la cara, las tonalidades otoñales del bosque de ribera, el silencio. En este territorio hay magia escondida en todos los rincones y se deja ver más a menudo cuando todo está en calma.

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